La contabilidad nació con el
desarrollo del mercado, entendido éste como intercambio de mercancías. La contabilidad es el control y el registro de las
operaciones realizadas (de lo que se ha recibido y ofrecido). La contabilidad, en las Sociedades antiguas clásicas, como Grecia
y Roma, y también en las cortes árabes, se registraba los patrimonios del estado y los de las grandes familias, controlándose
por ejemplo, las cantidades de grano de los almacenes. Igualmente la aparición en la edad media de los mercados locales generó
el nacimiento de las aduanas, las cuales controlaban el tránsito de mercancías que circulaban de una localidad a otra en uno
y otro caso, se trataba de formas primitivas de contabilidad. La potencia alcanzada entre los siglos XVI y XVIII por las grandes
naciones centralistas europeas, basadas en la monarquía absoluta hizo del Estado una especie de enorme empresario comercial
a industrial en el siglo XVIII.
Especialmente, los mercantilistas
de ésta época introdujeron la conciencia del registro de las actividades económicas y los primeros ministros eran ya hombres
que a la visión política debían sumar una visión económica, y para poseer esta última era necesario que dispusieran de una
base documental precisa.
Con el despegue de la Revolución
Industrial, a principios del siglo XIX, y el florecimiento de las empresas privadas de la manufactura y comerciales, se evidenció
la necesidad de crear la función específica de la contabilidad, con los especialistas adecuados para desarrollarlas. La riqueza
de las naciones, había dicho Adam Smith; era el beneficio pero para conocer exactamente este beneficio era indispensable un
control y el control requería el registro, y sobre todo él se elaboraba la “FILOSOFÍA EMPRESARIAL”. Fue pues,
de ese modo como nació la Contabilidad moderna, cuya complejidad ha sido pareja a la de la economía.